Después del proceso de selección, preparación y presentación de 31 conciertos de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG) en 2017, las opiniones positivas se han acrecentado sobre todo por su última participación en La Boheme -de Giacomo Puccini- que se realizó en el Teatro Centro Cívico, el pasado 26 y 27 de abril. Se trata de un trabajo que habló por sí solo, de un elenco conformado por casi el noventa por ciento de instrumentistas ecuatorianos en manos de Dante Anzolini, como su director y maestro. “Me llamó gente al día siguiente y me dijeron que siguen shockeados”, comenta este ítalo-argentino quien con su batuta dirigió también a coristas, solistas cantantes y otros más que sumaron casi 230 músicos en escena para representar una de las obras más logradas y jamás antes vista en el país.

Un melodrama que plasmó el París de 1830 matizado con la camaradería entre artistas y la historia del amor de Rodolfo (Andrés Córdova) y Mimí (Ruth Díaz) con el primer beso, la desilusión, los celos, la esperanza y la pérdida con un final funesto.

“Ellos estaban en éxtasis porque dijeron que hicieron historia. El grupo que tocó manifestó que nunca antes habían hecho esto en la historia y eso es la demostración empírica de que la gente puede”, señala Anzolini, quien estuvo  sorprendido del complejo de inferioridad que demostraban sus músicos en un inicio pero que con correcciones les logró devolver la seguridad. 

“Hay que comprender que tienes un equipo de fútbol que estaba jugando en la tercera división y ahora les ha demostrado que están jugando en Barcelona y se sienten contentos. Me pregunto: ¿nunca se dieron cuenta de que estaban para el Barcelona?”, expresa el director, quien ha dirigido con gran suceso orquestas de Sudamérica, Estados Unidos y Europa. En la gráfica superior, la soprano Ruth Díaz (Mimí) y el tenor Andrés Córdova  (el poeta Rodolfo) son  protagonistas de esta historia de amor que atraviesa por vicisitudes y una trágica separación. Agradecido del sacrificio de sus discípulos por lograr los frutos deseados, confía en que están encaminados a la meta que se propuso cuando tomó la posta el 5 de abril de 2017 para “ser la mejor orquesta del Pacífico”. 

De esta forma rememora el concierto que dieron en noviembre pasado en el programa de música interreligiosa, cuando tocaron la sinfonía de Gustav Mahler -conocida como Auferstehung (Resurrección en alemán)- y La Consagración de la Primavera, de Stravinsky. “Es una de las piezas más difíciles del repertorio que jamás lo había tocado ninguno en esta ciudad y, de repente, lo hicieron en el Sánchez Aguilar y se vio rápidamente que era (la orquesta) para el Barcelona y no para la tercera división”, asegura. 

Para alinear al sonido que ha querido lograr debió ajustar la afinación de la mayoría de los 80 ecuatorianos, 6 venezolanos y 4 instrumentistas rusos que integran la orquesta. “Hay una técnica para que este grupo suene afinado, para ello tienes que hablar de cómo se debe enfrentar un sonido con otro y cuáles son las proporciones. Yo se los expliqué”, detalla el director, quien asevera que su labor ha sido organizarlos en forma racional, explicándoles como conferencista desde el origen de los instrumentos, la connotación social de cada pieza y hasta qué pensaba el compositor para llegar a crear sus partituras.

 Las sinfonías de Salgado Más allá de dedicarse a la enseñanza musical, este director que ha llevado la batuta en famosos eventos como el del Festival de Itú en Brasil (1997) o de dirigir el programa orquestal de New England Conservatory (2002), es un investigador al que le apasiona “nadar” en partituras de extintos músicos de peso. Una de las experiencias que no deja de saborear con bastante placer es el hallazgo  de las nueve sinfonías del compositor quiteño, Luis Humberto Salgado, quien falleció en 1977. 

Todo empezó con una carpeta que llegó a sus manos “de casualidad” y que estudió día y noche hasta solicitar el manuscrito a una musicóloga ecuatoriana, pues se había percatado de los errores del copista de dicha época al analizar que la línea del fagotista no era igual que la del violonchelo, entre otros detalles. “Cuando sonó esa pieza dije: ‘este tipo es un genio cómo no se dieron cuenta, cómo lo trajeron a la biblioteca y no le hicieron’”, cuestionó el profesional. 

Yo me voy a la partitura de él y analizo cada nota. Hay una congruencia de ciertas notas que nunca pueden estar en el mismo punto. 

Sobre 12 notas del alfabeto sonoro hay una forma específica de articulación vertical, o sea, lo que suena al mismo tiempo y horizontal que suena una después de otra; si uno analiza con esos parámetros matemáticos hay ciertas notas que tienen que estar y otras que no”, explica Anzolini, quien tuvo que corregir el contexto general de todos los acordes  de cada instrumento para cuadrarlo. Afirma que de las centenas de piezas que ha dirigido en más de 20 países, la composición de Salgado es la más original que ha encontrado. 

“La octava sinfonía de Salgado se tocará 24 de mayo por la Batalla del Pichincha, porque lo hizo para ese evento (Luis Humberto Salgado) para eso la inventó y nunca se la publicaron, pasaron 41 años”, comenta el músico quien ya ha desarrollado 3 sinfonías de este material. Viernes de concierto Ayer fue uno más de los recitales que ofrece la OSG cada viernes a las 19:30 en el Centro Cívico. Esta vez presentó una pieza tomada de la ópera Porgy and Bess, del pianista judío George Gershwin, al estilo de la música de las películas de Hollywood, bajo el género de jazz y clásico. En los próximos días la entidad brindará una rueda de prensa para anunciar su programación. (I)

Sinfónica de Guayaquil interpretará la 8° Sinfonía de Humberto Salgado

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